sábado 26 de noviembre de 2011

¿Qué es un momento?

Describir a través de imágenes el misterio y la magia que envuelven la existencia humana resulta una tarea muy complicada. Intentos ha habido muchos, y el más reciente y conocido ha sido la controvertida película de Terrence Malick 'El árbol de la vida', la cual ha provocado en los espectadores unas reacciones de amor u odio hacia la misma sin ningún tipo de término medio. No es sin embargo mi intención el valorar aquí dicho film, sino dar a conocer el siguiente corto de apenas cuatro minutos, que en esencia persigue lo mismo que la última obra de Malick, el mostrar a través de imágenes ese algo de la vida que nadie sabe lo que es, pero que es lo más importante.


martes 11 de octubre de 2011

"Es que yo te quiero tanto"

Creen tantas personas que sentir muy vivamente y no digamos padecer, y atormentarse, las hace ya buenas y merecedoras y les otorga derechos, y que han de ser compensadas por ello incesante e indefinidamente, hasta por quienes no inspiraron su sentimiento ni causaron su sufrimiento ni tuvieron que ver en uno ni en otro, para esas personas la tierra entera les está siempre en deuda, y nunca se paran a pensar que el sentimiento se elige o que en él se consiente, eso como mínimo, y que casi nunca viene impuesto o el destino no se mezcla; que uno es tan responsable de él como lo es de sus enamoramientos, en contra de la general creencia que declara y repite la vieja falacia a través de los siglos incansablemente “Es más fuerte que yo, no está en mi mano evitarlo”; y que exclamar “Es que yo te quiero tanto” como explicación de los actos, como coartada o disculpa, debería ser contestado sin falta con la frase que pocos se atreven a soltar aunque sea la justa cuando el querer no es correspondido y quizá también cuando lo es, “Y a mí qué me cuentas, eso es sólo asunto tuyo”. Y que además a veces –si, eso es cierto- hasta la desdicha se inventa. No, nadie está obligado a ocuparse del amor que otro le tiene ni aún menos de su abatimiento o despecho, y sin embargo reclamamos atención, comprensión, piedad y aun impunidad por algo que sólo incumbe al que lo experimenta, “Hay que entenderlo”, decimos, “lo está pasando muy mal y por eso maltrata a todos”; o también “Le han hecho daño, está en guerra con la vida porque está destrozado, y en verdad él no podía vivir sin ella”, como si no querer a alguien o dejar de hacerlo fuera algo contra ese alguien, contra el que sí quiere o continúa haciéndolo, una maquinación o una represalia, una decisión para perjudicarlo, cuando justamente jamás es eso. Así que yo no puedo quejarme, y aún menos debo: cuando Luisa me quiso a su lado me beneficié de una gracia que se renovaba a diario, lo mismo que yo le renovaba a ella otra de valor parecido; y si una mañana no me fue más confirmada, no era cuestión de echarlo en cara ni de verlo como hostilidad voluntaria ni como malquerencia, nada de eso estaba en el ánimo, era espíritu de rendición más bien, y una gran pesadumbre. Ni tampoco de apelar a esas despreciables figuras contemporáneas con las que las entrometidas leyes amparan a los millones de aprovechados que hoy recorren y pueblan todos los senderos y campos: los derechos adquiridos, el tiempo empleado, los acariciados proyectos, la fuerza de la instalación o costumbre, el nivel de vida alcanzado, el futuro con que contábamos y el amor invertido, todo se hace mensurable. Y desde luego los hijos habidos y los contratos firmados. O los no firmados, sino los verbales. O los no firmados, sino sólo verbales. O los ni siquiera verbales, sino sólo implícitos, los abusivos contratos implícitos que según nuestro pusilánime mundo prepara y redacta a nuestras espaldas el mero paso del tiempo y además los rubrica por su cuenta y arbitrio, como si el tiempo pudiera ser nunca acumulativo y no empezara a contar desde cero con cada amanecer, y aún a cada instante…

Javier Marías - "Tu Rostro Mañana. 2-Baile y Sueño."

miércoles 15 de junio de 2011

La Fiebre

Más de un año sin actualizar. Y hoy tengo fiebre. Pero de la buena. De esta:

"La palabra fiebre es la más bella de la lengua (fiebre, fiebre, fiebre). Ninguna de las drogas que probé luego, a lo largo de la vida, me proporcionó las experiencias alucinógenas de la fiebre. Deberían vender pastillas productoras de fiebre. No mucha: esas ocho o nueve décimas que nos extrañan de la realidad. Recuerdo todas y cada una de las ocasiones en las que he visto el mundo a través de la fiebre. Todas y cada una de las ocasiones en las que el mundo me ha mirado a mí a través de la fiebre. Me han producido fiebre las anginas, desde luego, pero también la lectura de ciertos libros. Algunos capítulos de Crimen y castigo, por ejemplo, me producían fiebre. Todavía me la producen si los leo con la concentración adecuada. He tenido, en ocasiones, una experiencia rara: la de detectar la fiebre en la realidad. No hace mucho, una mañana, a los cinco minutos de sentarme a trabajar, me pareció que la habitación tenía fiebre. Y no sólo la habitación, sino cada uno de los objetos que había en ella. Toqué los libros y tenían fiebre, toqué mis fetiches y tenían fiebre, acaricié el respaldo de la silla y tenía fiebre. Me puse a escribir un artículo y me salió, claro, un artículo con fiebre.
La fiebre.
En cierta ocasión, alguien me señaló que los personajes de mis libros siempre estaban a punto de escribir o de enfermar. A veces, enfermaban en el momento de ponerse a escribir, o escribían en el momento de enfermar. Las mejores cosas que he escrito están tocadas por la fiebre, quiero decir que están febriles. Tienen una febrícula. Qué palabra también, febrícula. Empecé este libro con un pequeño ataque de fiebre que aún no me ha abandonado. La fiebre crea una red de dolor dulce que te conecta a la realidad, al mundo, a la tierra... La fiebre daña y cura, como el bisturí eléctrico de mi padre."

Juan José Millás - "El Mundo".

viernes 12 de febrero de 2010

Mucha Policía

Jueves 11 de Febrero. Una estación de ferrocarril. Un tren que llega a su destino. Un chico con barba y pelo largo. Y 8 policías, sólo para él.

-Poli bueno (de aquí en adelante PB): Me permite la documentación por favor.
- Si como no. Toma (que te trate de usted tu puta madre).

Poli malo (para ser original de aquí en adelante PM) hace acto de presencia con el ceño fruncido y se lleva mi carnet tras decirme que era un procedimiento rutinario.

- PB: Y de dónde vienes??
- De Santiago.
- Estudias allí??
- No, vengo de hacer unas cosas del proyecto de mi carrera allí.
- Ah, y qué estudias??
- Ingeniería de caminos.
- Ah, caray, qué difícil!!!!
- (si, supongo que para un estúpido como tu eso debe ser la leche).

Vuelve poli malo.

-PM: Lleva usted algo encima que le pueda comprometer (Nunca entiendo por qué preguntan ésto. Qué pasa, que si les dices que si te perdonan?? y si no me perdonan qué se creen, que les voy a ahorrar yo el trabajo??).
-Nop!!
- PM: Seguro??
- Si, seguro que no (el '¿seguro?' debe ser la técnica de tortura de la policía española para que les cuentes toda la verdad).
- PM: Y algún tipo de arma blanca??
- No (pesao!!).

Poli malo se va sin despedirse. Poli bueno me pregunta si me puedo quitar la bolsa para registrarla.

- Si, toma.
- PB: Espera, vamos apartarnos un poco para que sea más discreto. (A continuación compruebo que la discreción para un policia es llevar la bolsa de mi portátil a detrás de una papelera, apenas a un metro de donde estábamos). Aquí que llevas, el cargador y eso??
- Si, y esa bolsa son valerianas, que compré por la mañana.
- PB: No me digas que estás nervioso?? si ya acabaste casi la carrera!!
- No, no las tomo, pero no quedaban en casa y me gusta tenerlas (y a ti qué cojones te importará mamón).
-PB: Ah bueno, pero la verdad es que para dormir son cojonudas (no, si al final el que las tomaba eres tu desgraciado).

Aquí PB continúa examinando la bolsa y tras un profundo análisis me la devuelve.

- PB: Bueno, pues muchas gracias, ya se puede ir.
- Ya, pero Poli Malo creo que no me devolvió mi carnet (caducado).
- PB: No, es que está comprobándolo por teléfono (entonces pa qué carallo me dices que ya me puedo ir inútil. Si me voy y después resulta que soy Bin Laden disfrazado de Llamazares qué pasaría??).
- Ah, vale.
- PB: Bueno, y entonces ya te queda muy poquito para acabar la carrera no?? cuando piensas acabar?? (aquí ya alucino, el tipo se debe de creer que le voy a invitar a unas cañas en la presentación de mi proyecto).
- Pues en Abril o en Junio supongo.

Tras unos segundos Poli malo viene y me devuelve mi carnet. Le doy las gracias y comienzo a andar lentamente hacia la salida de la estación. Meto las manos en los bolsillos y sonrío. 'Definitivamente la policía es más tonta de lo que pensaba', me digo a mi mismo mientras acaricio la droga con la punta de mis dedos.

miércoles 2 de diciembre de 2009

My Blueberry Nights



Supongo que para Sue Lynne marcharse de este pueblo era un poco como morirse. Me pregunto cómo recordará la gente a Arney. Cuando mueres todo lo que queda son los recuerdos que creaste en la vida de los demás, o un par de cosas en una cuenta.

My blueberry nights



Yo no era nadie. Rodney Grant no era nadie. Omar Hassim-Alí, nadie. Javier Rodríguez —el carpintero jubilado de setenta años que ocupó la cama hacia las cuatro— no era nadie. Tarde o temprano moriríamos todos, y cuando se llevaran nuestros cadáveres y los enterraran, sólo nuestros amigos y familiares sabrían que habíamos muerto. Nuestro fallecimiento no se anunciaría por radio y televisión. No habría esquelas en el New York Times. No escribirían libros sobre nosotros. Ése es un honor reservado a los poderosos, a los que han ganado la fama, a quienes poseen alguna cualidad excepcional, pero ¿quién se molesta en publicar biografías de gente corriente, de esos olvidados que van a trabajar todos los días, con quienes nos encontramos por la calle y que apenas nos molestamos en observar?
En general, las vidas se esfuman. Una persona muere y poco a poco todo rastro de su vida desaparece. Un inventor sobrevive en sus invenciones, un arquitecto está presente en sus edificios, pero la mayoría de la gente no deja tras de sí monumento alguno ni logros duraderos: una estantería con álbumes de fotos, la cartilla de notas del colegio, el trofeo de una bolera, un cenicero birlado en un hotel de Florida en la última mañana de unas vacaciones vagamente recordadas. Unos cuantos objetos, algunos documentos, y unas cuantas impresiones causadas a otras personas. Estas últimas siempre tienen historias que contar sobre el muerto, pero las más de las veces se mezclan fechas, se suprimen hechos, se distorsiona cada vez más la verdad, y cuando a esas personas les llega su turno de morir, la mayoría de las historias desaparece con ellas.
Mi idea era la siguiente: crear una empresa que publicara libros sobre los olvidados, rescatar historias, hechos y documentos antes de que desaparecieran para luego darles forma y construir una narración continua, el relato de una vida.
Las biografías se publicarían por encargo de los amigos y parientes del sujeto, en ediciones particulares de pequeña tirada: entre cincuenta y trescientos o cuatrocientos ejemplares. Me imaginaba escribiéndolas yo mismo, pero si la demanda crecía demasiado, siempre podría contratar a otros para que me echaran una mano: poetas y novelistas en apuros, ex periodistas, universitarios sin trabajo, incluso Tom, quizá. Los costes de elaboración y publicación de los libros serían elevados, pero no quería que mis biografías fueran un lujo que sólo pudieran permitirse los ricos. Para familias de escasos recursos, contemplaba un nuevo tipo de póliza de seguros a tenor de la cual se entregaría mensual o trimestralmente una insignificante suma de dinero para sufragar los gastos del libro. En vez de seguro de vida o de hogar, seguro de biografía.
¿Me había vuelto loco al pensar que podría sacar adelante aquel proyecto tan inverosímil? No lo creía. ¿Qué hija no querría leer una biografía fidedigna de su padre, tanto si había sido obrero de una fábrica como subdirector de un banco rural? ¿Qué madre no querría leer la vida de su hijo, un policía muerto en acto de servicio a los treinta y cuatro años? En todos los casos debería ser una cuestión de amor. Cónyuges, hijos, parientes, hermanos: sólo los lazos más fuertes. Vendrían a verme seis meses o un año después de la muerte del sujeto. Para entonces ya habrían asimilado su fallecimiento, pero seguirían sin superarlo, y ahora que habían reanudado su vida cotidiana, comprenderían que jamás podrían sobreponerse. Querrían devolver a la vida al ser querido, y yo haría todo lo humanamente posible para satisfacer su deseo. Resucitaría a esa persona con palabras, y una vez impresas las páginas y encuadernada la historia entre las cubiertas, tendrían algo a lo que aferrarse durante el resto de su vida. Y además ese algo viviría después de su muerte, nos sobreviviría a todos.
Nunca debe subestimarse el poder de los libros.

Brooklyn Follies - Paul Auster

viernes 24 de julio de 2009

Ampliación del campo de batalla

Lecciones sobre nuestros ocuros días:

"Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éste. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la "ley del mercado". En un sistema económico que prohibe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohibe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad. A nivel económico, Raphaël Tisserand está en el campo de los vencedores; a nivel sexual, en el de los vencidos. Algunos ganan en ambos tableros; otros pierden en los dos. Las empresas se pelean por algunos jóvenes diplomados; las mujeres se pelean por algunos jóvenes; los hombres se pelean por algunas jóvenes; hay mucha confusión, mucha agitación."



Ampliación del campo de batalla. Michel Houllebecq.

jueves 16 de julio de 2009

Cigarrettes

Acostumbro a mirarte a los ojos mientras fumo. Sin embargo hoy me han abandonado los interlocutores. Así, frente a mi tan sólo tengo postales familiares recortadas en marcos de plata. Mi mirada perdida y las pocas ganas de pensar. Observo mi última calada desde una perspectiva alojada en la ilusión de mis ojos. Es curioso como el humo tiende a alcanzar diversas formas. Primero tan sólo es un fino hilo extendiéndose hacia la infinidad de la atmósfera, después se masturba en poliedros concéntricos recalcando su circularidad. Altos techos italianos con huellas de nicotina, la horizontalidad del universo tumbado en un diván.